Síndrome del cuidador quemado

Al menos alguna vez en nuestra vida hemos estado de cerca en situaciones donde una persona cuida de otra, y no me refiero a médicos o enfermeras; en nuestra familia por ejemplo no falta el candidato (a) que siempre cuida de los demás: ya sea por enfermedad, padecimiento mental, accidente, etcétera., y casi siempre es la misma persona que voluntariamente se ofrece a la tarea de cuidar, pero, se han preguntado ¿quién cuida del cuidador?

El objetivo de éste texto es ayudar a los cuidadores a afrontar la tarea de cuidar con mayor fortaleza emocional, saber pedir ayuda cuando la necesitan, que atiendan sus propias necesidades y, sobre todo, a prestar los cuidados sin comprometer su salud.

El Síndrome del Cuidador es un trastorno que se presenta en personas que desempeñan el rol de cuidador principal de una persona dependiente. Se caracteriza por el agotamiento físico y psíquico.

Síndrome del “cuidador quemado”

¿Quién puede ser un cuidador?

Cuidador formal Cuidador informal
Enfermero, médico, psicólogo, trabajadores socialesDesde un familiar directo (mamá, papá, hijo/a, hermano/a… la nuera) hasta una persona voluntaria

Perfil del cuidador:

  • persona de edad media (la mayoría)
  • lo hace por amor, compasión, solidaridad
  • trata de organizar sus actividades con las de su labor de voluntariado
  • no tiene idea del tiempo que se puede prolongar

Tareas comunes del cuidador:

  • ayudar y apoyar en las actividades de la vida diaria (comer, aseo personal, etc.)
  • supervisión en la toma de medicamentos.
  • realizar labores de enfermería.
  • administrar gastos.
  • labores del hogar.
  • llevar los a citas médicas.

Etapas del cuidador

El hecho de cuidar a un enfermo provoca un amplio abanico de reacciones emocionales que podemos dividir en etapas.

Primera etapa del cuidador

Entusiasmo

  • es un periodo en el que las expectativas son muy altas, no dan miedo las dificultades.

Segunda etapa del cuidador

Estancamiento

 

  • se notan los primeros signos de cansancio y desilusión. El cuidador parece sentirse vacío y estar siempre en el mismo punto de partida. Comienzan a aparecer los primeros signos de irritabilidad, impaciencia, disgusto y nerviosismo.

 

Tercera etapa del cuidador

Frustración

  • afloran sentimientos o sensación de fracaso y de culpa. Surgen los primeros síntomas de ansiedad. Su cuerpo también comienza a resentirse, apareciendo molestias físicas. Se siente paralizado e impotente ante la nueva situación.

Cuarta etapa del cuidador

Apatía

  • es la fase límite y culminante. Ha entrado en un círculo vicioso en el que las relaciones resultan impersonales y sin participación afectiva. La actividad se percibe ya como una carga insuperable que no ofrece ninguna satisfacción. Nota que nada funciona ya debidamente, ni el trabajo ni su vida personal. Sus problemas de salud se agravan.

Principales síntomas de alerta del síndrome del cuidador

  • agotamiento físico y mental
  • fragilidad emocional: cambios de humor repentinos
  • depresión y ansiedad
  • conductas de consumo abusivas: tabaco, alcohol
  • trastorno del sueño
  • alteraciones del apetito y del peso
  • aislamiento social
  • dificultades cognitivas: problemas de memoria, atención
  • problemas laborales.

¿Cómo se manifiesta el síndrome del cuidador?

La primera señal de alarma y sobrecarga del cuidador se produce cuando se vive el cuidado como un deber.

Consecuencias del síndrome del cuidador:

  • sentimientos negativos malsanos
  • conductas negativas destructivas/autodestructivas

¿Qué necesita hacer?

  • Identificar el problema
  • reconocerlo (¿quién cuida de mí?)
  • pedir ayudar/saber dónde
  • tener disposición para afrontarlo
  • intervención, tratamiento, terapia
  • aprender a manejar sus emociones
  • expresarlas
  • poner límites

Evitar pensamientos erróneos

  • soy la única persona que puede cuidar de mi familiar.
  • soy la persona que mejor le cuida.
  • es mi obligación cuidarle.
  • sin mí estaría perdido/a.
  • soy egoísta si quiero tener espacio para mi mismo/a.
  • tengo que centrar mi vida en cuidarle y dejar en segundo plano todo lo demás (trabajo, familia, amigos, etc.).
  • yo puedo con todo…
  • “¿Y si no lo hago bien?”
  • “¿Y si no soy capaz?”
  • “¿Y si se me va de las manos?”
  • “No sirvo para otra cosa”

¿Cómo mejorar?

  • el cuidador debe ser consciente de que necesita ocuparse de sí mismo, dedicarse tiempo al día y que eso no significa que descuide al afectado/a, sino que va a permitir que los cuidados sean más eficaces.
  • dormir adecuadamente, lo ideal 8 hrs. Si no está durmiendo bien, por lo menos una siesta.
  • alimentación adecuada/balanceada (para tener energía duradera)
  • debe tomarse un tiempo para alguna actividad que disfrute, aunque solo pueda hacerla durante unos cuantos minutos cada día.
  • puede pedirle a un amigo o a un familiar que permanezca con su ser querido durante una o dos horas, una o dos veces a la semana.
  • hacer un esfuerzo cada día para mantenerse en contacto con familiares, amigos y otras personas en su sistema de apoyo.
  • necesita conectarse con el mundo que le rodea, buscar momentos para ejercitarse, salir, estar con otras personas, reingresar a sus actividades (cotidianas), inclusive puede buscar momentos (aunque sean pocos) de disfrute con la persona que cuida.
  • debe poner límites al afectado, no cediendo sus demandas. Necesita dejarle realizar las actividades/tareas que aún estén en sus posibilidades, aunque lo hagan lento o peor.
  • comuníquese con quien él/ella
  • mantenga la calma (y también en situaciones de crisis)
  • exprese lo que siente (sea asertivo)
  • sea empático
  • ¡cuídese!

Los cuidadores que se cuidan se harán cargo de una manera más positiva de la otra persona.

Por el contrario, el que preste cuidados en solitario, sin dedicar atención a la propia salud y bienestar, tendrá efectos negativos también en su bienestar que se reflejarán asimismo en las personas cuidadas.

“No te quedes con tus emociones porque si tus ojos no lloran, llorará otro órgano de tu cuerpo”.

Salvador Valadez

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Mexicana. Licenciada en Psicología con Máster en Ciencias de la Educación y 9 años de experiencia profesional. Desarrolla con intensidad una importante labor docente, imparte conferencias y escribe columnas de opinión sobre su especialidad. Lo suyo es también la terapia racional emotiva-conductual, la psicopedagogía y la orientación vocacional. “La psicología es parte de todos y necesita compartirse, porque ofrece oportunidad de crecer psicológica, emocional, sociológica y espiritualmente. La seguridad, el optimismo y la confianza son mi guía. Me gusta caminar entre la gente, acercarme, que se sienta conmigo y yo con ella, bajar del escenario”. Vivió en Málaga y formó parte de la AECC y Los Ángeles Malagueños de la Noche.

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