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viernes, 27 enero | 2023

¿Qué es la Crianza Respetuosa o Consciente?

Seguro que habéis oído hablar de crianza respetuosa, crianza con apego o crianza consciente. ¿Pero qué es? ¿En qué consiste? ¿Es muy diferente de cómo nos criaron nuestros padres? ¿Tengo que estudiar algo especial para poder hacerlo?

Básicamente, la crianza consciente es tener en cuenta las necesidades, sentimientos, deseos y emociones del niño o la niña. Es escuchar, dar valor y tener en cuenta todo lo que expresa, teniendo presente que es importante establecer unos límites en los momentos que sea necesario. 

Y a la vez es tener muy en cuenta nuestras propias emociones, cuidarnos, revisarnos nosotros mismos y revisar nuestra propia historia. En el camino de la crianza se van a despertar muchas viejas historias y es importante poner consciencia en ello. 

Partimos de que todas las familias quieren lo mejor para sus hijos y que nadie, ni el más experto en educación o psicología, tiene un manual de instrucciones de cómo se hacen las cosas de manera perfecta. Porqué no, la perfección no existe y no os fieis nunca de alguien que os diga que tiene la solución absoluta para vuestros problemas. 

Una cosa tenemos que tener presente:

no hay recetas mágicas que solucionen todas las situaciones con nuestros niños y niñas.

Partiendo de esto algo tiene que quedar muy claro: esto es un camino de aprendizaje para todos y todas. Cada situación, cada niño, cada niña, cada familia es diferente y lo bonito del camino es ir aprendiendo, nunca dejar de cuestionarse y sobretodo disfrutar del proceso con humor y mucho amor. 

Todas las familias hacen lo mejor que pueden y seguro que os habéis leído muchísimos libros, habéis buscado información y aún así no entendemos muy bien qué es eso de la crianza consciente o lo más complicado: cómo llevarlo a la práctica.

Sabemos la teoría: no debemos amenazar, castigar, faltar el respeto o gritar…

Pero cuando nos encontramos en la situación de que no quiere vestirse por las mañanas y llegamos tarde al cole… sale lo peor de cada uno y ahí aparecen todos nuestros automatismos. Y después asoma esa vocecilla cargada de culpa y arrepentimiento.

¡Qué mal empezar el día así!

¿Por qué es tan difícil?

¿Para nuestros padres también lo fue?

Bueno, nuestros padres seguramente no se cuestionaban tantas cosas y tiraban de lo que se había hecho siempre sin tener muy en cuenta nuestras necesidades emocionales como niños y niñas. 

En definitiva, a nosotros no nos han criado de manera consciente. Y al final actuamos como hemos aprendido y cambiar eso… pues no es fácil.

Muchas veces aparecen esas frases o coletillas que nos dijeron a nosotros en nuestra infancia o no sabemos bien por qué, ciertas situaciones sacan lo peor de nosotros y no sabemos como ponerle consciencia a eso por mucho que queramos. 

El adulto es el principal responsable de gestionar situaciones que se van presentando. Nosotros somos los que tenemos experiencia en la vida. Tenemos una mochila llena de vivencias, nuestro cerebro se ha desarrollado en base a esas experiencias y somos los encargados de enseñar el mundo a los niños y las niñas de nuestro alrededor. Ya sea como madre, padre o acompañante. Por el simple hecho de haber vivido más tiempo, tenemos más herramientas y sabemos cómo funciona el mundo. No podemos exigir a los pequeños que se comporten como adultos. Están aprendiendo y precisamente nuestro acompañamiento va a configurar un mapa emocional y social significativo para que pueda enfrentarse a la vida con todas las herramientas posibles. 

Que quede claro que la crianza respetuosa no es sinónimo de “hacer lo que quiero y cuando quiero y de la manera que quiero”.

Es necesario poner límites, porqué ellos los necesitan para saber qué es seguro y que no es seguro. 

Los límites  ayudan al niño o a la niña a caminar por la vida y a relacionarse con los demás. Enseñan valores de la sociedad en la que viven y son muy necesarios para cuidarlos en el presente y también configurar su yo del futuro. 

Ejemplo:

Estamos compartiendo una tarde con otra familia con criaturas. Uno de los niños de nuestros amigos tiene un juguete que nuestro hijo quiere. Y nuestro hijo se acerca a él y le quita el juguete de las manos y además se lleva una torta de regalo cuando se resiste a que le quite el preciado juguete. 

Ahí entran unos límites claros: está prohibido pegar a las personas.

Entiendo que quieres el juguete que tiene él y valido tu enfado porqué no te lo da, pero pegar no es el camino y te acompaño para poder poner palabra a lo que te está pasando. Estoy diciendo que tu actitud no ha estado bien. No te juzgo a ti como persona por lo que has hecho. Entiendo que estás aprendiendo y te acompaño desde la validación y acogiendo todo lo que te está pasando. 

En las criaturas no hay razonamiento lógico ni capacidad para medir según qué consecuencias que para nosotros, como adultos, son fáciles de ver y de entender. 

No van a entender esos límites y se van a enfadar y la van a liar.

Ahí es nuestro papel el acompañar sin reprimir esas emociones y entendiendo que es normal que muchas veces no entiendan ese límite que hemos puesto.

¿Qué es la Crianza Respetuosa o Consciente?

En la crianza respetuosa o consciente ¿Qué puedes hacer para no perder los papeles?

Seguramente la primera reacción sea gritar, zanjar ahí el tema y muchas veces nos dan ganas de “soltar una bofetada a tiempo”. Pero no. Así no conseguimos más que imponer nuestra verdad de manera violenta y poco respetuosa.

¿Queremos que nuestros hijos vayan gritando por el mundo e imponiendo su verdad a toda costa, sin tener en cuenta lo que los demás están sintiendo? 

RESPIRAR Y PACIENCIA

Que la emoción baje y podamos actuar desde la cabeza, desde el razonamiento. Ellos están en la emoción. No podemos perdernos también nosotros en ella. 

TIEMPO

A la primera igual no sale bien. Nada sale bien a la primera. Como hemos dicho antes, es un camino a recorrer. La crianza es larga y no se acaba en un momento concreto. Cada día nos vamos a encontrar con nuevos desafíos y retos, y estoy segura que cada día lo vais a hacer mejor, con mejores reacciones y resultados. 

INFORMACIÓN

Sigue leyendo, asistiendo a conferencias o formándote. Si sois una pareja, informaros los dos. De nada sirve que uno esté muy concienciado y el otro nada de nada. Revisaros el uno al otro, desde el amor y la comprensión, sin juicios ni ataques.

Es por el bien de la familia. 

TOMAR CONSCIENCIA

Darnos cuenta de que queremos mejorar algo de nosotros ya es un gran paso. Poned el foco en averiguar cuándo se dan los momentos de más intensidad emocional.

Quizás podemos anticiparnos o cambiar rutinas para que la energía de toda la familia se dé desde la calma.

Por ejemplo: ir a comprar un viernes por la tarde a un supermercado lleno de gente, ruidos y estímulos con nuestra criatura de 3 años, quizás no es el mejor plan. Es probable que durante la compra se dé algún episodio de explosión emocional. 

AUTOCONOCIMIENTO

Es la clave de todo. Cuanta más consciencia pongas a cómo te sientes tú, a todo lo que te está pasando y poder ordenar tu experiencia como hijo o hija te va a ayudar a entender tu papel como padre o madre

¿Qué puedes hacer cuando pase?

Hazte las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo me siento con eso?
  • ¿Qué sensaciones tengo el cuerpo? ¿Qué pienso? ¿Cómo reacciono? 
  • ¿Qué me pasaba a mí de pequeño? 

Somos ejemplo.

Vivir desde el respeto hacia nosotras y hacia los demás para que nuestros hijos tengan el mejor ejemplo de crianza y vida respetuosa. No tiene sentido querer aplicar conceptos que hemos leído en libros sin tener en cuenta nuestras propias necesidades. Necesito darme a mí misma, para poder dar a los demás. ¿Cómo educamos respetuosamente si estoy cansada, apática e infeliz? 

Puedes estar disponible para tus hijos cuando te permites lo que necesitas como persona adulta. 

Seguro que has notado que cuando tu tienes un mal día, todo a tu alrededor se complica aún más. Ellos reclaman más, gritan más, se enfadan más. No son más que un claro espejo de todo lo que te está pasando a ti. Y está bien explicarles lo que nos está pasando para que puedan entender que no va con ellos. A la vez es positivo poder compartir nuestras emociones para que aprendan a compartir las suyas y sientan que es un espacio seguro para hacerlo. 

LA Mejor manera de sanar nuestra historia es tratando a los niños como nos hubiera gustado ser tratados. 

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